Volver a traer la vida a los libros para a
continuación sacarla de ellos, con todo su aburrimiento, con todo el
transcurrir de la cotidianeidad, sin pretender ser interesantes. Acudir con esa vida a
todos los lugares -símbolo o realidad-. Tal vez la literatura
perdería sus trucos y la ganaríamos en intensidad cotidiana. No lo sé. Ruptura
de la narratividad para que narrar sea nuestro propio orden. Una
cierta destrucción ineludible. Un dios es tan estúpido que no es capaz
de hacer dos cosas al mismo tiempo; de ahí que sea único su eterno
poder. Literatura o vida, ¿es esta indisoluble unión el objetivo? Si es
así, yo lo deseo todo. O la literatura o yo. Yo viviré primero, justo
antes de mis desordenadas consecuencias.
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