Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

Jorge Luis Borges

jueves, 16 de enero de 2014

Prosodia

El estilo en la lengua es repetitivo. La propia prosodia y llevarla a cabo no es hablar ni escribir mal. El lenguaje infantil y su configuración temprana es mucho más inteligente. Debemos escribir desde el habla nuestra y usar ciertas normas para ser entendidos, como mucho. Me exijo poco porque la vida es natural, lo cual no significa que sea menos inteligente. Me costó no poco esfuerzo dejar de esforzarme. Ahora, ya no sé, pero creo que todo debe ser hecho para hacer la vida más agradable.
La complicación intelectual está sobrevalorada: lo esencial es encontrar una salida. En ese sentido, menos es más.

lunes, 30 de septiembre de 2013

O la literatura o yo

Volver a traer la vida a los libros para a continuación sacarla de ellos, con todo su aburrimiento, con todo el transcurrir de la cotidianeidad, sin pretender ser interesantes. Acudir con esa vida a todos los lugares -símbolo o realidad-. Tal vez la literatura perdería sus trucos y la ganaríamos en intensidad cotidiana. No lo sé. Ruptura de la narratividad para que narrar sea nuestro propio orden. Una cierta destrucción ineludible. Un dios es tan estúpido que no es capaz de hacer dos cosas al mismo tiempo; de ahí que sea único su eterno poder. Literatura o vida, ¿es esta indisoluble unión el objetivo? Si es así, yo lo deseo todo. O la literatura o yo. Yo viviré primero, justo antes de mis desordenadas consecuencias.

miércoles, 26 de junio de 2013

II

Durante todo este tiempo en que he estado escribiendo como búsqueda no he parado de quitar sombreritos y otras pequeñeces a las palabras. Veo que se valora mucho la "originalidad". Sobre todo se valora que no se diga todo como se dice. A mi entender, son meros aficionados (y digo esto no en un sentido de un ignorante frente a un experto sino más bien en el sentido de tomar el arte como un hobby y valorarlo de un modo meramente preciosista) los que se centran en la poesía de este modo. He de decir que yo no amo la poesía porque amo el arte en general, lo que me sitúa en el mismo punto de los que la aman por el hecho de tomármela tan a pecho como ellos y de forma aún más radical si cabe. Valoro la poesía como un vehículo expresivo potentísimo con el tiempo y todos sus espacios a su favor. Valoro la poesía como capacidad inaudita para petarlo todo, para transformarlo todo. El preciosismo no es lo que me interesa de la poesía puesto que la razón por la que estoy aquí es la transformación, el cambio, la vuelta a los orígenes humanos y la recuperación de las hermosas realidades perdidas: el extravío costumbrista.
Tras esta introducción en la que he aclarado por qué no estoy aquí, voy a contar qué es para mí la poesía y para qué sirve. En principio, la poesía no sirve para nada. El arte es un mero instrumento de transformación. Aclarado esto, matizo que la poesía es capaz de recuperar la dignidad, el respeto, introducir una visión de manera instantánea y producir un cambio permanente en la manera de pensar y de sentir. Si queremos revelar un mensaje a alguien, la poesía es el modo más sencillo de hacerlo.
Espero se entienda mi negación a todo lo elaborado y meramente estético, yo no concibo la literatura para eso. La elaboración de la belleza es propia y vital. Se puede conseguir a través del lenguaje siempre y cuando se esté refiriendo a una realidad aledaña. No estoy aquí ni para un lenguaje común ni para un lenguaje que no se refiera a nada sino a una mera evocación mediada que no esté en contacto directo con la cosa. No las palabras, sino las cosas, han de estar directamente en el poema. Hemos de ser el poema. Es esta la razón por la que me niego a una estructura mediada o estética. Del mismo modo, me niego a construir el poema desde recursos externos. Me niego a llegar a la vida desde una falsa explicación de la vida. La morfología no construye la forma. Es necesario que la vida sea la vida de manera directa incluso en su manera de idear su propia construcción. Más bien dejamos que la vida sea la vida sin entorpecer su crecimiento o el derruir de sus formas sociales.
Me voy a permitir, por último, una explicación de por qué yo no puedo ser poeta al uso ni estructurar las cositas para que queden "bien": léase por favor este artículo de principio a fin. Si pudiera hacerlo, es posible que ya me hubiera comido el mundo. Sencillamente, estoy en otra búsqueda diferente.
Seguiremos buscando la forma de la forma. Tal vez algún día pueda hacer algo auténtico y a mi manera. Tal vez pueda mostrarle algo de sí misma al mundo, tras tanta contaminación.

martes, 21 de mayo de 2013

I

Básicamente escribo para la gente vivísima y coleando, hacia la versatilidad del capricho y los que tengan un hondo sentido del humor. Los pobres intereses de ahorrarse dos duros o las tristezas de esta dimensión como problema oficial no están dentro de mis inquietudes artísticas: ¡estamos aquí para volar!
Como diría Rimbaud, "ciencia y paciencia, el suplicio es seguro". Prefiero hablar de mis propios problemas a hacerlos universales perpetuándolos: prefiero hacerlos perfectamente ininteligibles hasta que desaparezcan en la más absoluta y límpida agonía lúcida; en el misterio desnudo y guarrillo de su clic hacia la invisivilidad.
No me importa tener que escribir sobre mi obra para explicar mi obra. Lo considero necesario. Lo considero vital en estos tiempos de tantos durmientes a los que el sentido del humor y la gracia les pasa delante de las narices en una boba melopea de anestesia (se nota la desevolución). Me dejo la piel cada día en cada vivencia y en cada transformación para poder contarme, para poder reinterpretarme, para exponer este estudio quirúrgico de la naturaleza humana y su divinidad trabajosamente precisa. Es justo. No lo hago solo por mí. No persigo el estilo autorreferencial. Es mucho más que eso: son todas las voces de todos los tiempos desnudas. No estoy aquí por mí. No estoy aquí para que me entiendan. ¿Que adónde vamos? ¿Pero quién dice cómo ha de ser algo? La respuesta es siempre que vamos hacia nosotros. No voy a castrarme para continuar adelante ofreciendo contenidos seleccionados hacia el gusto de la afición prácticamente iletrada que aspira a la falsa cultura y exclama: "¡oh, qué bonito!". Eso es lo único que sé. Y aunque lo intentara, no podría. En el caso de que así fuera, la incoherencia de mi debilidad me haría dar los pasos necesarios para desmentirme a mí misma. Soy tan insensata que perdería, por mor de la justicia, la energía necesaria en esto. Quiero transformar todo cuanto es obsoleto y no va directo a la boca (por cierto, debes masticar fuerte y con insistencia), quiero las formas originales del sol en medio de la ciudad. ¡Incencio! He venido para quedarme. No os engaño. Yo escribo para la juventud eterna. No tengo fuerzas para traicionarme a mí misma.
Tal vez muchos esperarían que hablase aquí de los textos y no de mí. No señores. Se equivocarán mucho conmigo y con mi obra si intentan dirigir este mi discurso con sus prejuicios culturales. Yo soy directamente mi escritura. Yo soy sus heridas y ustedes la vida material amada y amante, despreciada o glorificada, y así yo. Ustedes todo y yo misma, aquí, jugándonos la piel. El que no crea que le puedo arrancar la piel con un poema que salga de aquí inmediatamente. Gracias, señores, y hasta la vista. La poesía les acecha detrás de cada esquina.
Esto no ha hecho más que comenzar y hay mucho camino por recorrer. Sepamos.