Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

Jorge Luis Borges

miércoles, 26 de junio de 2013

II

Durante todo este tiempo en que he estado escribiendo como búsqueda no he parado de quitar sombreritos y otras pequeñeces a las palabras. Veo que se valora mucho la "originalidad". Sobre todo se valora que no se diga todo como se dice. A mi entender, son meros aficionados (y digo esto no en un sentido de un ignorante frente a un experto sino más bien en el sentido de tomar el arte como un hobby y valorarlo de un modo meramente preciosista) los que se centran en la poesía de este modo. He de decir que yo no amo la poesía porque amo el arte en general, lo que me sitúa en el mismo punto de los que la aman por el hecho de tomármela tan a pecho como ellos y de forma aún más radical si cabe. Valoro la poesía como un vehículo expresivo potentísimo con el tiempo y todos sus espacios a su favor. Valoro la poesía como capacidad inaudita para petarlo todo, para transformarlo todo. El preciosismo no es lo que me interesa de la poesía puesto que la razón por la que estoy aquí es la transformación, el cambio, la vuelta a los orígenes humanos y la recuperación de las hermosas realidades perdidas: el extravío costumbrista.
Tras esta introducción en la que he aclarado por qué no estoy aquí, voy a contar qué es para mí la poesía y para qué sirve. En principio, la poesía no sirve para nada. El arte es un mero instrumento de transformación. Aclarado esto, matizo que la poesía es capaz de recuperar la dignidad, el respeto, introducir una visión de manera instantánea y producir un cambio permanente en la manera de pensar y de sentir. Si queremos revelar un mensaje a alguien, la poesía es el modo más sencillo de hacerlo.
Espero se entienda mi negación a todo lo elaborado y meramente estético, yo no concibo la literatura para eso. La elaboración de la belleza es propia y vital. Se puede conseguir a través del lenguaje siempre y cuando se esté refiriendo a una realidad aledaña. No estoy aquí ni para un lenguaje común ni para un lenguaje que no se refiera a nada sino a una mera evocación mediada que no esté en contacto directo con la cosa. No las palabras, sino las cosas, han de estar directamente en el poema. Hemos de ser el poema. Es esta la razón por la que me niego a una estructura mediada o estética. Del mismo modo, me niego a construir el poema desde recursos externos. Me niego a llegar a la vida desde una falsa explicación de la vida. La morfología no construye la forma. Es necesario que la vida sea la vida de manera directa incluso en su manera de idear su propia construcción. Más bien dejamos que la vida sea la vida sin entorpecer su crecimiento o el derruir de sus formas sociales.
Me voy a permitir, por último, una explicación de por qué yo no puedo ser poeta al uso ni estructurar las cositas para que queden "bien": léase por favor este artículo de principio a fin. Si pudiera hacerlo, es posible que ya me hubiera comido el mundo. Sencillamente, estoy en otra búsqueda diferente.
Seguiremos buscando la forma de la forma. Tal vez algún día pueda hacer algo auténtico y a mi manera. Tal vez pueda mostrarle algo de sí misma al mundo, tras tanta contaminación.